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jueves, 28 de enero de 2010

EN EL MISMO BAR DE SIEMPRE...

Dani estaba realmente preocupado, por no decir asustado cuando me llamó para contarme lo que le había sucedido hacía un par de noches. Como era nuestra costumbre quedamos y fuimos al mismo bar de siempre, nos sentamos donde siempre lo hacíamos, y me pedí la cerveza con limón que tanto me gustaba y él su pinta o alguna nueva cerveza que aún no hubiera catado.

- Vamos a ver, que no te entiendo, ¿quieres decir que llegaste a tu casa sin saber cómo? - basicamente así empezó a contarme por teléfono, cuando me llamó, lo único que pensé es que se había pillado una cogorza del quince y que aún estaba con la resaca de turno.
- Mira, lo que se es que estaba en la cama, la cabeza me daba vueltas, y no sé como llegué. La noche antes salí a un fiesta...sí, sí, no me mires así, bebí algo mas de la cuenta, no estoy acostumbrado a cometer excesos, ya sabes. - ya..., silencio.
- Llegarías andando, ¿no dijiste que fuiste en bici al lugar? - ah! que rica la cerveza con limón... y la tapa, sinceramente tenía ganas de comerme el pincho de tortilla que le pusieron a Dani , pero me contuve. Mírale a los ojos y prestale atención.
- Sí, y mi bici no estaba en casa. La dejé en otra parte, cerca de donde iba a estar, por si bebía...
- Es decir, por si pillabas el pedo con el que llegarías a tu casa luego, claro- ¿por qué puñetas no se ha peinado?, es guapo, si se arreglara algo más se sacaría más partido. Mírale a los ojos y no a su cabello. Bueno, así despeidano tampoco se le ve tan mal..., en plan desenfadado...
- Sí... digo no....bueno no sé. Iba a estar Isabella -su ex, la arpía que le usó como un pelele...ay Dani, no aprendes- de echo, la recuerdo vagamente, se que bailé con ella, pero luego nada. Todo es nada. No recuerdo nada Lulú - así me llamaba de cariño, en vez de decirme Lourdes, o Lou.
- ¿Has recuperado tu bici? ¿o tu dignidad tal vez? en serio, eres de lo que no hay. Vale, ¿te aportó algo ir a esa fiesta y ver a tu querida Isabella? - dicho con rintintín-.
- Pues no lo sé... a la mañana siguiente me desperté como si hubiera estado follando toda la noche.

Llegado a este punto, casi le parto la cara. Es un decir. Obviamente no lo iba a hacer, es mi amigo y es su vida. Y los amigos estan para escuchar aquellas tonterías que contamos, para que nos den un buen consejo.... y luego pasarnoslo por el forro. En este caso, él. Total, todos hacemos lo mismo. Cogí su pincho de tortilla y me lo metí a la boca.

- Eh!- me reclamó.
- Me lo debías por escucharte. ¿No puedes decir que fué el pedo de tu vida, y no eso otro?... ¿estaba en tu casa acaso? - no es que me importara, bueno...sí, me importaba, es mi amigo.
- Verás... recuerdo vagamente que nos enrollamos...- mente lúcida ¿dónde estas?,"¿vagamente?".
- ¿Sabes?, no sé como llegaste a tu casa, no sé si te enrollaste o no con ella... ¿por qué bebiste tanto? a lo mejor habrías disfrutado más y mejor del momento sin hacerlo, y no ahora pensar que tuviste lo que crees que tuviste, o tal vez lo que quieres creer que tuviste. ¿Entiendes?, si ella se interesara por tí, te llamaría para preguntarte cómo amaneciste o cómo llegaste a tu casa.-Vamos hombre, a ver si espabilaba con esa parrafada que le acababa de soltar.
- Me llamó... y me dijo que estuvo conmigo toda la noche...
- ¿La arpía?, ¿hablamos de la misma que te uso para lograr sus objetivos?- no iba a preguntar nada más.
- Verás... se casa con su novio... recuerdo que me dijo eso antes de no recordar nada.

Después de aquel día Dani no volvió a beber hasta perder la consciencia. Tampoco supimos más de Isabella.
Dani y yo seguimos yendo al bar de siempre, nos pedimos nuestras cañas de siempre, y nos sentamos en la misma mesa, que es muda oyente de nuestras historias, nuestros consejos, nuestros anhelos.


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Podría ser así, tipo la cafetería de la serie Friends.

* Os dejo aquí con una canción de Joe Cocker "With a little help from my friends", ... no sé por qué me da un aire al cantante de M Clan.

domingo, 24 de enero de 2010

ÉL (relato)

Algunos lo tienen claro, otros no, muchas veces depende del momento en que te pille y las circunstancias. Nadie tiene una bola de cristal.

Sus miedos podían con él. ¿Cuántas veces me he enamorado?, esa pregunta se la hacía cada vez que conocía a alguna mujer que le atraía. Soy un gilipollas...

Se despertó tarde, esa mañana no tenía nada que hacer. Y mientras remoloneaba en la cama, un rayo de luz de dió en los ojos desde una ranura de la persiana. Se quedó mirando al techo. "Soy un Miles", pensó. Sí, aquél tipo de la película "Entre copas", un conformista, perdedor, traumado y con miedo a lanzarse a un tía que le gusta, que es un encanto y está buena. Fantaseó un poco con esa chica del bar, que de tanto en tanto le saludaba cuando se encontraban. Tiene una bonita sonrisa.

Y se dijo nuevamente imbécil así mismo. ¿Por qué me da por pensar que va a salir todo mal? si no sería más que invitarle a tomar algo, escuchar su voz más de dos minutos, mirarle a los ojos, mirarle toda ella. No es mi momento.

Y mirando en la mesilla, vió a su querida Lucía, en una foto en la que ella le abrazaba por detrás cogida a su cuello con una amplia sonrisa, y él mirando a la cámara tras sus gafas de sol. Aún le dolía verla y saberla muy lejos de él, tan lejos como de la tierra al cielo.

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Paul Giamatti... en esa escena, genial, ¿quién no es un Miles alguna vez?

* Aquí os dejo con una canción de David Fonseca, me encanta su voz.

martes, 19 de enero de 2010

ELLA (relato)...

Cuando sientes un equilibrio con alguien, creo que lo que más puedes temer es que ese equilibrio se rompa. Algunos lo llevan mejor, no trasciende en su vida si eso termina.

Ella dejó de esperar cuando su corazón se cansó de dar. Muchas veces le dije "si lo ves venir", pero ni caso. Daba dulces y recibía indiferencia. Ni caso a los dulces. Boba. Pero un día, se plantó en firme. "Que les den", me dijo. ¿En serio? no me lo podía creer. De verdad, fue pasar de los tíos (de esos que ella quería -siempre igual-), y ellos como mosca a la miel. Me dejó maravillada su nueva actitud. "Yo misma soy". ¿Y el sexo?, no lo quería. Ya había probado furtivamente esos placeres, con unos y otros, y ninguno le daba lo que quería. En realidad decía que no quería nada pero en el fondo, yo sabía que sí. Me lo contaba, lo veía en su mirada. Pero llegado a ese punto donde la veía crecer, cual abeja reina..., percibí que no necesitaba a nadie. Solo a ella misma. Me asustó un poco... no lo negaré. Parecía que sus sentimientos (tan a flor de piel, más de lo que cualquiera se podía imaginar) los tenía ahora encerrados en algún lugar de su cuerpo.

Pero un día sucedió lo que menos hubiera imaginado. Al poco de esta "nueva yo ", le presentaron a alguien que fue como una aparición (efectivamente, como un as sacado de la manga). Una aparición que se quedó. Cuanto menos ella creía en él, él más cerca estaba. No era un reto, es que simplemente le gustaba. Ella siempre caía bien a todos, me consta. Las veces que les vi juntos, no me cabía duda. Él le quería. He tenido ese extraño... ¿don?, he sabido ver en otros lo que nunca he acertado en mí, pero bueno, la cuestión es que ella se resistía... "qué dices...- sonrisa-, solo nos llevamos bien". Así se empieza querida, le dije un día. ¿Te gusta?... "no es para morise", me dijo. Anda, encima exigente. No está mal, es gracioso, buena persona, cae bien a todos, te-a-tra-e. Efectivamente, ella no lo quería admitir. Era lo que él era... sublime deseo, aroma, sentidos, sentimientos, el vaso lleno y no vacío...

Un día me la encontré llorando. Ya empezamos, pensé. ¿Qué te pasa?. Me gusta, siento una presión en el pecho... no sé que hacer. ¿Qué te parece, para empezar, dejarte llevar?. Lo he pasado tan mal. Nena, creeme, él... te quiere. Lo veo. Se nota, y si te das el castañazo, pues hala... no estarás sola, me tienes a mí (era verdad, aunque lamentara no ser un tío o que ella fuera uno... lástima no ser lesbiana, sino ya habría encontrado a mi pareja ideal...atracción cero entiendase).

"Te amo", fue lo que le dijo. En prosa, en verso. No sé como lo hizo, pero él encajó a la perfección con ella. "Caminemos juntos, sin agobios pero juntos". Es lo que ella le dice, y él asiente. Y sigo viendo eso, que él la quiere. Yo ya no le digo nada, ella sabe que si me necesita, estaré. Aunque ahora parezca como si todas sus historias pasadas nunca hubieran sucedido, como si todos pudieran llegar a ese estado de felicidad (embriagadora, y a veces ... mejor mantenerse a cierta distancia). Quien sabe.

* no soy yo, ni nadie que conozca... o parte de alguien tal vez.

jueves, 2 de julio de 2009

HABITACIÓN 211...

Este relato, es una total inspiración (mejor dicho, un "del otro lado") de uno creado por nuestro blogger, el solitario number one, el caballero Calvarian (aplausos, jeje). He tomado prestado algunas líneas de su precioso relato "Ayelet", para que tenga un poco de coherencia este que hice. Bueno, humildemente, "Habitación 211".


Después de limpiar tantas habitaciones e ir pasillo arriba, pasillo abajo, me vino de perlas salir por la noche.

La playa, la luna, la gente alrededor de la hoguera... me parecía una noche perfecta, quería desconectar del arduo trabajo de aquel día. Entre la música y la gente que se divertía no pude más que dejarme llevar. Tenía el pelo recogido en una coleta, me había puesto un vestido blanco vaporoso que me llegaba hasta las rodillas creo que dejaba ver mis formas sin enseñar nada, la imaginación de quien me viera haría el resto. Cuando estuve cerca de la hoguera me sentí como parte del fuego, había llegado hasta allí sola, estaba con todos y con nadie a la vez. Me solté el pelo, me quise sentir atractiva, sin darme cuenta estaba bailando al son de la música. Me sentía feliz, tal vez parecía una loca bailando sola, era libre... De pronto entre la multitud, vi a un hombre con una copa en la mano, era alto, de complexión normal, atractivo. Me dió la impresión de que estaba como yo, había llegado hasta allí sin más. De echo, no se porqué hacía un rato sentía que alguien me observaba, y fue cuando mi mirada se cruzó con la suya. Pudo haber sido con cualquiera, pero fue con él. Hice memoria...tanta gente en el hotel...y sí, recuerdo haberle visto salir esa misma noche, con ropa cómoda, sin nadie que le acompañara. Mientras pensaba todo esto, no me di cuenta que dejé de moverme sin apartar mi mirada de él. Fue un momento extraño, su mirada era como un imán, me hizo gracia, y le sonreí. Creo que le puse nervioso, porque por un segundo me dió la impresión que bebió de su copa de vino solo con el fin de esconderse, como si una copa pudiera tapar sin más aquellos ojos tan oscuros como la noche. Así que seguí. No era yo misma, era como si la llama de la hoguera me guiara hacia él. Sí...era un hombre atractivo. Sin saber porqué, mis pies me guiaron hasta llegar a su lado. Quería sentir el tacto de su piel, sus manos, ¿encontrarían en ellos la misma atracción? No hacía falta mediar palabra, él pareció dejarse llevar sin mas cuando le quité la copa de vino de sus manos, antes de que pudiera decir nada hice que guardara silencio. Le llevé a bailar hacia la hoguera, ¿qué mejor manera de acompañar a la luna y a nosotros mismos en aquella noche mágica? Me encantó el tacto de sus manos, tenía la suavidad perfecta, ni sedosas ni asperas. De pronto se alejó, como queríendo huír de mi mirada. Me acerqué sigilosamente y me puse a su lado sin que se diera cuenta. Tenía ganas de un beso suyo, y no fue difícil... él también lo deseaba. No me conocía, ni yo a él, pero estabamos allí los dos. Sus labios, suaves...su mirada intensa. Fue mágico. Pero quise volar, y preferí marcharme, no se percataría de quien era yo al día siguiente...ni al siguiente... sería un sueño del cual mejor no despertar.

-Servicio de habitaciones...- cuando entré en la habitación, no dí crédito a mis ojos, no sabía cual era en la que él estaba y tampoco pretendía buscarle, pero estaba allí, en la habitación 211.
- Pase por favor, esta abierto, sobre la mesa encontrará la propina.- me dijo. Efectivamente, ví una propina, no sabía si me había oído, si cuando me viera me reconocería. Pero sí, mi rostro ardía cuando ví que el se quedó mirandome fijamente. Extendí mi mano para coger la propina, aunque no sabía bien si hacerlo...y no sé por que, pero volví a sentir ese imán en su mirada y no pude volver mi vista atrás. Mientras me retiraba, intentando ser cortés y quedandome con cada facción de su rostro en mi retina, el sonido de su voz pareció rasgar el silencio cuando me dijo "No, no te vayas.. ". Me preguntó mi nombre. "Ayelet", le contesté, y no pude más que sonreírle cuando me extendió su mano. Sabía que algo especial había ocurrido, no podía ser todo una casualidad .

miércoles, 29 de abril de 2009

ESPEJISMOS...

Un día cualquiera de hace pocos meses, Lucía abrió su correo electrónico. Varios correos. La misma gente, alguna publicidad. Nada fuera de lo habitual. Transcurrió la mañana y vió que tenía un nuevo mensaje. No reconocía al remitente, era del propio servidor de su cuenta de correo.

“Alguno que habrá visto mi perfil ... vaya, no tendré desactivada la opción de quienes me pueden ver y no...”. No lo iba a ver, pero a Lucía le picó la curiosidad. A ver qué le decían.

“Hola, soy nuevo en esto. Soy un chico que vive en Segovia aunque no soy de aquí, sino de Tarragona. No conozco a mucha gente por esta zona. Bueno, solo estoy viendo lo que hay por aquí. Si quieres me escribes, este es mi email. Un saludo.”.

Lucía se quedó pensando. ¿Por qué tendría que contestar a un completo desconocido? Es mas, no tenía necesidad de contarle nada. Pero algo le hizo meditar, “soy nuevo en esto”. Ella, hacía mucho que recurrió a internet para conocer gente, ver lo que le podía ofrecer el ciber espacio. Pero no terminó de gustarle eso de conocer a alguien que después de un café no sería mas que uno entre mil que nunca se acordarían de ella. No tenía suerte con los hombres. No porque fuera fea, ni antipática, ni poco sociable. Simplemente, no cuajaba con nadie. Cuando las cosas parecían ir bien, siempre sucedía algo. Siempre ellos, los que tan seguros parecían en un comienzo, luego terminaban por dejarla. Que si relaciones no superadas, que si no se llegaban a enamorar, que si nunca estuvieron convencidos... mucho para el corazón de ella, que una vez metida en lo que consideraba una relación, se entregaba por completo. Fiel hasta darse de bruces con la realidad. Sí, su corazón estaba dolido y poco entusiasta para creer en el amor.

“Hola, soy Lucía. Gracias por tu correo, no se si pueda ayudarte. Solo decirte que puedes conocer a mucha gente por aquí, no es difícil. Solo tienes que dar con alguien que también piense como tú. Depende lo que busques. Vivo en Madrid. Un saludo, y suerte!”.

Una mala costumbre que tenía Lucía era que no podía evitar decir algo, responder algo si sentía que quien le escribía lo hacía con buena intención. “Tal vez le ha escrito a varias el mismo correo...”. No quiso pensar mas. Solo que ahora el desconocido, ya tenía su email.

Pasó unos días y Jordi, que asi se llamaba el desconocido, le contestó. “Gracias por tu correo! No pensé que me dirías algo...la verdad es que soy muy tímido... saldré de viaje unas semanas. Tal vez nos podamos escribir mas adelante. Un saludo”.

Vaya, Lucía se quedó extrañada, pero le hizo gracia dicho correo. Ahora el desconocido, mejor dicho, Jordi se iba una vez había iniciado él el contacto.

Pero cosas de la vida, Lucía le respondió. Le deseó buen viaje, y hasta cuando él quisiera escribirle.

Y él respondió, desde muy lejos, solitario no vió mas compañía que los correos de Lucía y de su familia. Y así fue que sin darse cuenta ella, y él empezaron a conocerse mediante sendos emails. Se contaban de todo, su vida en sus respectivas ciudades. Supo que por motivos de trabajo el se tuvo que ir desde Tarragona a Segovia, y del propio trabajo le enviaban fuera una temporada. Era la primera vez para él que salía fuera tan lejos y solo. Le contaba como vivía donde le habían enviado, ella le contaba sus cosas del trabajo, sus aficiones, sus gustos, le hablaba sobre sus amigos, sus costumbres. Y él, a cada email le parecía poco, le hacía mucha compañía. Lucía. Jordi empezó a querer a Lucía sin haberla visto.

Un día, se enviaron fotos. Ella pensó que él no era su tipo, muy bajo, calvo, no tenía complexión atlética. Pero algo en su mirada le gustaba, su sonrisa. Él al verla pensó que era una chica muy guapa, y le transmitió dulzura en la mirada.

Después de varias semanas, decidieron conocerse en persona. Y así fue que tuvieron su primera cita. Comprobaron que en persona, esa familiaridad que tenían en correos era la misma. Se reían, se sentían a gusto. La tarde se terminó y se hizo corta. Ella estaba a gusto, y él también. Y tuvieron que pasar algunos meses para que un día de verano ella descubriera que él formaba parte de su vida, una parte virtual porque se acostumbraron a escribirse. Deseaban hacerlo. Y otra real, él le llamaba, ella quería verle, se sentían bien juntos.

¿Sería tal vez posible que... que...? Parecía mágico. Una noche, mientras se disponían a despedirse, ella le miró fijamente. Y sin darse cuenta cómo, se fundieron en un abrazo y este llevó a un beso. La curiosidad de Lucía era esa, ¿me gustarán sus besos? Y así fue. Sus caricias, su mirada, sus besos. Jordi no cabía en sí. Se sentía realmente feliz.

Sin embargo, ella no podía creer que todo fuera posible. Tan bonito... Y le invadió el miedo. El miedo a confundirse, a hacerle daño, a hacerse daño, a no saber si sentía lo correcto... era su amigo. Y lo hablaron. El la quería. Y quería que ella fuera libre de decidir, sentir, vivir. Pero ella no fue capaz de ser del todo sensata con sus emociones, tenía miedo de que todo fuera un espejismo. Con paciencia y ganas, ambos fueron mostrándose poco a poco. Una noche ella le invitó a quedarse en su casa, cenaron, se rieron y durmieron. Hicieron el amor. “Te quiero”, dijo él. Y ella hizo silencio. Le abrazó, y se sintió feliz.

Al cabo de un tiempo los sentimientos se iban agarrando a ella cada día que pasaba, le gustaba sentir a Jordi. Sus llamadas, sus bromas, su risa le encantaba. Él sentía tranquilidad al escucharla, era como un bálsamo para sus oídos la voz de la dulce Lucía. Poco a poco ella le iba demostrando que realmente le quería.


Un día, Jordi se fue. Un viaje de trabajo. Se querían. El le dijo que le quería. Y ella a él.

Nunca regresó. El Jordi que se fue, el que la quería se fue y no volvió nunca jamás.


By Olivia